Qué destino ni qué niño muerto. ¡El destino lo haces tú, Catalina! Tú y sólo tú. "El destino dirá". Con qué facilidad lo dices. No eres consciente de lo que eso significa. Significa quedarte en casa a ver la vida pasar. Acomodarte. Resignarte.
No te engañes. No, no lo hagas. Abre los ojos y mira lo que tienes a tu alrededor. Mira la nada, el vacío y... llévatelo por delante. Haz el ridículo las veces que haga falta. Piérdele el respeto. El ridículo sólo sirve para limitarte. No te creas ni la mitad, compruébalo tú mismo.
"Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas. "
Julio Cortázar.
(Fuente: X)
Qué decir cuando sientes que ya está todo dicho. Aún sientes la necesidad de seguir y seguir y seguir. Malos excesos.